Fue arrestada por usar pantalones en las calles de La Habana, donde fue dejada en libertad ante su defensa de que no hay una ley que prohibiera el derecho de vestirlos.
Paralizó la 5ta Avenida de Nueva York porque su falda-pantalón mostraba sus tobillos. Esto fue considerado como una provocación "indecente" y un policía la ordenó a taparse las piernas.
Abogó por el derecho al voto de la mujer en Puerto Rico y Estados Unidos. Su acto de vestir pantalones fue asociado a una estrategia de llamar la atención a esta causa.
Lideró huelgas y marchas obreras, a pie y a caballo, en todo Puerto Rico. También viajó a respaldar a otros trabajadoras; por ejemplo, su arresto en Cuba fue durante un viaje para respaldar una huelga.
Atraía gente a los mítines socialistas para ver "la mujer con pantalones". Esta estrategia fue mencionada en la prensa como escandalosa pero permitió que más personas se acercaran a discursos obreros.
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